Sí, es un hecho. He vuelto a caer de nuevo en el Seattle Grace, y ya he perdido la cuenta de las veces que he recaído con Anatomía de Grey. En su momento la empecé porque me quedaba enganchada a los capítulos que echaban en Cuatro y quería conocer la serie desde el principio. Fue uno de mis mejores maratones, cuatro temporadas en un mes. Luego la dejé de lado, por exámenes primero y por pereza después (me pasó exactamente lo mismo con Mujeres Desesperadas, que es otra de las que tengo que retomar). Y hace unos días volví a sentir esa necesidad de engancharme de nuevo.
Soy consciente de lo ñoña que es la serie. Del pedazo de drama en que se va convirtiendo, cada capítulo más todavía. De que no es una de esas series con gran calidad, es más bien un producto para entretenerse... y en mi caso para llorar. Soy una sensiblera del copón, lloro muchísimo y con series como Anatomía de Grey más todavía. Es todo un culebrón seguir las vidas de los internos del Seattle Grace, sus amores y desamores entre ellos, las reflexiones de Meredith...
Esta vez quiero volver a empaparme de todo este drama. Por eso he vuelto a empezar desde el piloto. Estoy notando mucho más los fallos y las limitaciones de la serie que cuando la ví por primera vez, pero también la estoy disfrutando más. Desventajas y ventajas de los revisionados, y tal. El caso es que tengo que reconocerlo: pese a todo, Anatomía de Grey sigue siendo una de mis series preferidas.
Esta vez quiero volver a empaparme de todo este drama. Por eso he vuelto a empezar desde el piloto. Estoy notando mucho más los fallos y las limitaciones de la serie que cuando la ví por primera vez, pero también la estoy disfrutando más. Desventajas y ventajas de los revisionados, y tal. El caso es que tengo que reconocerlo: pese a todo, Anatomía de Grey sigue siendo una de mis series preferidas.